viernes, 14 de noviembre de 2008

HACIENDO HISTORIA... CAMPAÑA 2005 DE LA NO VIOLENCIA ENTRE MUJERES, CIUDAD DE MÉXICO

¿Y SI ADELITA SE FUERA CON OTRA?
Esta Campaña "No a la violencia entre Mujeres- ¿y si Adelita se fuera con otra?" dio inicio en el 1er Festival Lésbico de la Ciudad de México y consistió en una primera etapa en la distribución de postales, con mensajes para construir mejores formas de relación entre mujeres basadas en la comunicación y el respeto, además de un taller permanente de apoyo para mujeres. Fue una campaña impulsada por Corporativo Cabaretito y el grupo Nueva Generación de Jóvenes Lesbianas.

(Por el momento desconocemos los resultados de esta campaña, los obstáculos encontrados o por cuánto tiempo siguió en efecto... Compartimos esta información principalmente por su gran valor histórico y cultural en la lucha frente a la violencia y el maltrato entre mujeres.)
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CAMPAÑA NO A LA VIOLENCIA ENTRE MUJERES
¿Y SI ADELITA SE FUERA CON OTRA?


La violencia se da en todos los niveles sociales y culturales, así como en todas las orientaciones sexuales. Aún así, existe una enorme necesidad de espacios de ayuda y orientación para las lesbianas que viven una relación basada en la violencia.

La campaña permanente de la NO violencia entre mujeres es parte de las actividades generadas del 1er Festival Lésbico 2005, que se realizó en Noviembre del 2005 en las instalaciones de Cabaretito Vip, Londres 104, zona rosa, México D.F.

Se elaboraron postales informativas, que fueron distribuidas en los días Lésbicos de Cabaretito y en otros espacios de reunión lésbicos, y estas postales fuerton el material de apoyo para las mujeres lesbianas. Además se inició un taller permanente los lunes en Galery de Cabaretito Vip.

Artistas y activistas se sumaron a La Campaña de la No Violencia entre Mujeres, entre ellos contaron con una ilustración del caricaturista Trino. También se suman a esta campaña: Martha Villalobos (luchadora) y el grupo Las Ultrasónicas, Mediante esas postales, se envia un mensaje a las mujeres lesbianas para promover relaciones basadas en la comunicación y el respeto y decir no a la violencia. Los mensajes que acompañan las postales son:
1. Imagen de la ilustración de Trino (Tetona Mendoza), dice: “No te dejes golpear” yo tengo las tetas bien puestas”...Para Amar, no para golpear. Defiendo mis derechos y denuncio a quien me agrede ¿y Tú? Quieres ser inolvidable para tu pareja? Claro que se puede? Pero la violencia no es la solución, haz que nunca te olvide pero por ser diferente. Sal del circulo de la violencia.

2.Imagen de Martha Villalobos (luchadora profesional) dice: No a la violencia entre mujeres, Si al respeto y al amor. “Yo soy la Diva del Ring, pero a la hora de amar inclino la frente” Vive, convive y diviértete con respeto y tolerancia” Tu amiga Martha Villalobos

3.La imagen de las Ultrasónicas dice: ¿Tu club de amigas son violentas?Las mejores amigas no son cómplices de la violencia. Mujer contra mujer no, Mujer sobre mujer sí.

Todas las postales tienen además el siguiente texto: No al acoso, no al chantaje, no a la violencia, no a la obsesión, Busca apoyo e información y ¡Sal del circulo de la violencia!
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La psicóloga mexicana Guadalupe Avalos estuvo al cargo del TALLER RELACIONES CONSTRUCTIVAS ENTRE MUJERES, que se ofrecíaTODOS LOS LUNES 8 P.M. EN GALERY DE CABARETITO VIP y se anunciaba " Cómo aprender a relacionarte de una mejor forma en tus relaciones con otras mujeres. Cómo solucionar sin llegar a la violencia. Todas las mujeres son bienvenidas a partir de los 18 años en adelante. Ven sola o en pareja. Taller impartido por la pisc. Guadalupe Avalos. Contaremos también con la asesoría y apoyo de la abogada Claudia Barrón, para dar el acompañamiento en casos específicos.Todos los lunes de 8 p.m. a 10 p.m., en Galery de Cabaretito Vip. Londres 104. Zona Rosa. México D.F."
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VIOLENCIA LÉSBICA*
*Psic. Guadalupe Avalos

"En el marco del PRIMER festival lésbico exponemos no sólo las formas de vivir una relación con violencia, una relación destructiva o una relación co-dependiente, el logro de este gran evento invariablemente productivo y enriquecedor, surge la propuesta de crear un grupo de autoayuda para relaciones destructivas, al que podrán asistir solas o en pareja para trabajar, solucionar, evitar y lograr salirse de ese tipo de relaciones que suelen ser repetitivas de patrones de comportamiento aprendidos cultural-social y familiarmente y que no es tan fácil (aunque se busca a toda costa la felicidad) el dejar de ‘enrolarse’ en relaciones que destruyen la autoestima, la seguridad, promueven la discriminación entre nosotras mismas y fomentan características de homofobia interna. El objetivo es ir creando conciencia en el mundo lésbico y en todas y cada una de las parejas a resolver su relación que puede estarse convirtiendo en una relación destructiva, es decir ni juntas, ni separadas, (pelean al estar juntas y cuando no se ven se extrañan y se aman profundamente). No importa cuánto tiempo llevan juntas, la violencia puede darse desde los primeros niveles.

EMOCIONAL- Indiferencia en todas sus formas, celos, desconfianza, descalificación de ideas de opiniones o de conductas, ejercer un control constante sobre la otra persona. Desvalorizarla a solas o frente a otras personas, ridiculizarla o anularla socialmente –aún con frases de ella es tímida o así es-

SEXUAL- Forzarla en alguna forma, momento o posición, utilizar amenazas o imponerle, compararla con otras personas o pareja anterior, por antojo , por sospecha de infidelidad, o desvincular el amor y afecto del sexo p. Ej. ‘ahora me cumples’.
MALTRATO O VIOLENCIA PSICOLÓGICA:
EN LA COMUNICACIÓN: Insultos, Gritos, Discusiones de todo, silencios como castigo, amenazas, no diálogos, se expresa solo a través de ordenes, de recordarte obligaciones o solo con reproches; ejerce una comunicación contradictoria: pej. Malo si no te arreglas, y el día que lo haces te cuestiona.
EN LA DISTRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDADES:
Desvaloriza las tareas domésticas que haces, se burla que no lo haces bien, sobre-exige que cumplas con ciertas responsabilidades, obstaculiza tareas fuera de casa o logros laborales, no permite que participes en decisiones importantes de la casa u hogar que habitan

VIOLENCIA ECONÓMICA:
Controla gastos, no dice cuanto gana, no comparte responsabilidades económicas, desea saber en qué gastas cada peso que ganas, critica lo que adquieres o la forma en la administras tu dinero.
En todas las parejas, siempre habrá ante los ojos de los demás quien sea la más bonita, la menos inteligente, siempre habra una que gane más que la otra, o tenga más estudios que la otra persona.Todos estos factores aunados a un nivel de baja autoestima, dinámica familiar disfuncional (alcoholismo, drogadicción), discriminación por orientación, por género o escolaridad, abusos previos de alguna indole en alguna persona. Todas estas son razónes bajo las cuales la pareja que vive con violencia pueden argumentar.
Se tocarán los mitos y las realidades siguientes:
No es cuestión de posición económica, exclusiva de una clase social
No es cuestión de nivel educativo o escolaridad se dan en todas
No es masoquismo (se deja porque le gusta)
No es que la persona es violenta por provocación
La violencia no es aprendida, ni heredada, es una irresponsabilidad y no querer comprometerse a ser diferente de lo que vivió
No es de personas solas o que les gusta vivir aisladas
Surge porque provocas a tu pareja (es irresponsabilidad personal)
No existe sino golpea o lastima frecuentemente
Es para incrementar el erotismo
No es un código privado o exclusivo del mundo lésbico "
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SOBRE ESTA CAMPAÑA APARECIERON LAS SIGUIENTES NOTAS EN LOS DISTINTOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MEXICANOS

1.Combaten violencia entre mujeres
Fuente: El Universal
Reporteras: Liliana Juárez y Ella Grajeda
Viernes 18 de noviembre de 2005
Para combatir la violencia en parejas lésbicas, integrantes de la comunidad lésbico, gay, bisexual y transgénero lanzarán la campaña por la no violencia entre mujeres "¿Y si Adelita se fuera con otra?".
En conferencia, Martha Cuevas, integrante de Nueva Generación de Jóvenes Lesbianas, reconoció que la agresión contra mujeres es también un problema en parejas lésbicas.
La también organizadora del primer Festival Lésbico en el DF indicó que la violencia hacia mujeres ocurre en todas las orientaciones sexuales, aunque en las parejas lesbianas "se debe a celos, rivalidad y baja autoestima". Tito Vasconcelos, director de Cabaré-Tito, comentó que la agresión en parejas homosexuales mujeres es física, psicológica y sexual y reproducen pautas masculinas.

2.Comunidad lésbica, por la cultura de la denuncia
Viernes 18 de noviembre de 2005
Fuente: La Jornada
Reportera: ANGELES CRUZ MARTINEZ
En un paso más en la lucha contra la discriminación hacia la comunidad lésbica y para impulsar la cultura de la denuncia sobre la violencia de que también son víctimas sus integrantes.

Martha Cuevas, una de las organizadoras del acto, señaló la necesidad de dar a conocer la problemática que viven las mujeres lesbianas, principalmente la importancia de incidir en la conciencia social para eliminar todas las formas de rechazo y exclusión.

Sobre el tema de la violencia entre mujeres lesbianas, Cuevas mencionó que casi no trasciende públicamente, pero existe, y lo que "queremos es contribuir para evitar que el problema siga creciendo". Se trata de que "entre todas busquemos el origen, si existe alguna influencia de las situaciones de violencia intrafamiliar que cada una vivió con anterioridad", por ejemplo.

3. Lanzan campaña contra la violencia entre lesbianas en el marco del Primer Festival Lésbico en México
19 de noviembre 2005
Fuente: Agencia AFP
La comunidad lésbica de México presentó una campaña y un festival que busca advertir sobre la violencia entre las parejas de mujeres, la cual, reconocieron sus integrantes, ha "encendido focos rojos que, de no trabajar en ellos, se pueden convertir en un problema muy serio".
"Sí, hay violencia en las parejas de lesbianas. Violencia psicológica, económica y, cada vez más, física. Tenemos que reconocer que se han encendido focos rojos que, de no trabajar en ellos, se pueden convertir en un serio problema", dijo Martha Cuevas, organizadora del Primer Festival Lésbico.
En conferencia de prensa, Cuevas explicó que en la mayor parte de los casos esta violencia entre parejas de lesbianas se genera por situaciones de celos o de frustración al terminarse una relación sentimental.
"Queremos generar una discusión sobre este tema y dar apoyo a las parejas. Nos encontramos con chicas que se obsesionan con alguna pareja, la acosan, la amenazan, la siguen. Queremos hacerles entender que una relación debe basarse en el amor y el respeto", añadió.
Tito Vasconcelos, actor y conocido activista de la comunidad lésbico-homosexual de México, comentó que estos patrones de violencia se dan entre las lesbianas que buscan adoptar al papel de "hombre macho" y reproducen situaciones de violencia que vivieron en sus propias casas.
"Esta violencia es un reflejo de la violencia intrafamiliar. Tenemos que reconocer que hay violencia en nuestras casas, que hemos sido maltratadas y que esta actitud la estamos repitiendo", añadió Vasconcelos, quien participó en la cinta Danzón de María Novaro.
Vasconcelos explicó que pese a esta situación de violencia, son pocas las mujeres que denuncian a su pareja debido "al temor y desconfianza que existe entre los mexicanos hacia la autoridad, pero sobre todo por el estigma hacia nosotras, que somos vistos como salidas de los infiernos".


4. Lanzan campaña contra la violencia entre mujeres
22 de noviembre de 2005
Fuente: Anodis.com
Reportera: Adriana Becerra Rojas


En el día inaugural del Primer Festival Lésbico y con la presencia del grupo de rock “Ultrasónicas” se dio a conocer de manera oficial una campaña permanente contra la violencia entre mujeres.

“¿Y si Adelita se fuera con otra” es el nombre de la campaña que busca erradicar diferentes situaciones de violencia entre parejas lésbicas, a través de postales, carteles y apoyo psicológico permanente en las instalaciones de Cabaretito VIP.

Gracias al apoyo del caricaturista Trino, la luchadora Martha Villalobos y las Ultrasónicas, se harán llegar estos materiales a las lesbianas que acuden a grupos de apoyo y antros de la Zona Rosa; además se difundirán en escuelas, parques y diferentes espacios públicos.

Martha Cuevas, organizadora del Primer Festival Lésbico, se enfrenta a un reto con esta campaña debido a lo común que se ha vuelto el encontrar violencia de cualquier tipo entre parejas del mismo sexo.

Con el apoyo del Corporativo Cabaretito esta campaña contará con material de información y apoyo psicológico constante en Galery de Cabaretito Vip, Londres 104, Zona Rosa.

“La idea no es ventilar a nadie, sólo si tu sientes que algo no anda bien vienes y te informas y pues si de verdad hay un problema habrá alguien especializado que te ayude” aclaró Martha Cuevas.

Por su parte Tito Vasconcelos aseguró que la violencia entre las mujeres lesbianas se da por estereotipos machistas que pese al avance social persisten.

“Tenemos acabar con estereotipos y con ello evitar la presencia de la violencia desde psicológica hasta física”, explicó el activista y empresario.

Frases como “¡No te dejes golpear! ... Yo si tengo las tetas bien puestas… para amar no para golpear. Defiendo mis derechos y denuncio a quien me agrede ¿y tú?“ buscarán llegar de manera cómica a las diferentes parejas lésbicas.

La parte más fuerte de la campaña radica en el si tú quieres ser inolvidable para tú pareja puedes serlo pero no con violencia, hay mejores manera de hacer que nunca te olvide. La violencia no es el camino a nada ahora pregúntate ¿y si Adelita, Panchita etc se fuera con otra tú que harías?
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martes, 12 de agosto de 2008

Doble Invisibilidad = Doble Aislamiento

Orgullo-gay 27-06-2007
(TERRA ACTUALIDAD-EFE)

Lesbianas maltratadas por violencia de género sufren doble discriminación en España.
Las lesbianas que sufren violencia de género se enfrentan a una doble discriminación por su condición de homosexuales y de maltratadas, según la psicóloga Covadonga Naredo, quien recordó que este colectivo carece de organismos especializados a los que acudir en estas situaciones.La violencia doméstica en el seno de las parejas homosexuales y en concreto en las parejas de lesbianas centró hoy el debate en una conferencia organizada en el marco de L-Madrid, el espacio del Europride dedicado al mundo lésbico en el que se engloban actividades culturales, lúdicas y de concienciación.En el debate sobre 'los malos tratos en las parejas de lesbianas', que se celebró en la Universidad Complutense de Madrid, los ponentes destacaron que la violencia en las parejas homosexuales es una realidad aunque sea una situación desconocida, incluso por el propio colectivo.En este sentido, la psicóloga Covadonga Naredo, integrante de Mujeres Progresistas, aseguró que la violencia de género era 'invisible' hasta hace unos años y lo mismo ocurre en la actualidad con la violencia homosexual.En el caso de las lesbianas que sufren maltrato, Naredo evidenció que éstas se encuentran 'marginadas' por ser mujeres maltratadas y lesbianas a la vez.Además, estas mujeres se encuentran con un 'gran vacío' y 'sin ayuda', según Naredo, ya que no hay organismos especializados en violencia homosexual y no saben dónde acudir.'Los homosexuales maltratados deben recibir el mismo tratamiento que los demás casos de maltrato' a la hora de denunciar y recibir atención médica, psicológica y jurídica, reivindicó Naredo.'El maltrato entre mujeres no se reconoce y hasta que no se acepte no se podrán buscar soluciones', explicó Emma Avila de la Fundación Triángulo por la igualdad de lesbianas y gays, la cual relató que son muchas las lesbianas que niegan que exista este tipo de violencia.Para enfrentarse a la violencia homosexual es necesario, según Avila, 'informar, concienciar, visibilizar y apoyar' a las víctimas.Representando a la Plataforma del Voluntariado de España, Esther Diez, pidió a las asociaciones de gays y lesbianas que 'presten atención' a los malos tratos y que 'colaboren' con las asociaciones dedicadas a la violencia de género.La iniciativa L-Madrid englobará además del foro de debate, otras actividades como una exposición de fotografía y el estreno de la primera serie española sobre el mundo lésbico: 'Chica busca chica'.
Terra Actualidad - EFE
NOTICIA PUBLICADA EL 1 de agosto de 2005 POR ANODIS -Agencia de Noticias Sobre Diversidad Sexual.
Maltrato doméstico en una pareja lésbica
Una mujer de 22 años fue detenida en España por amenazar y herir con un cuchillo de cocina a su pareja, en lo que fue el primer caso de violencia reportada entre homosexuales

por Redacción Anodis[contacto@anodis.com]

El primer caso de maltrato doméstico en una pareja lesbiana se registró en la ciudad española de Vigo, por el que fue detenida una mujer de 22 años. La mujer arrestada agredió a su compañera sentimental con un cuchillo de cocina en el domicilio que ambas comparten en esa ciudad.
Según publicó el diario ABC, de Madrid, la detenida regresaba a su casa por la mañana después de haber pasado la noche fuera del domicilio y reaccionó violentamente cuando su pareja le recriminó el haber consumido alcohol y hachís en lugar de tomar la medicación especial que le había prescrito un psiquiatra.No contenta con herirla en el brazo, la amenazó con el filo del cuchillo bajo su cuello. Tras esto, la víctima logró zafarse de la atacante y salió corriendo a la calle en busca de auxilio. Más tarde, y acompañada de los agentes, regresó a su casa con el propósito de detener a su pareja. La agresora se negó a ser detenida e hirió a un policía con el mismo cuchillo que a su pareja.Tras la detención, los efectivos policiales trasladaron a la presunta agresora al Hospital General de Vigo, con la intención de que la misma fuese examinada y se emitiese un informe psiquiátrico de urgencia en relación a su estado.
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sábado, 9 de agosto de 2008

¿SERÁN O NO SERÁN…? INVISIBILIDAD, LESBOFOBIA Y AISLAMIENTO FATAL

Una mujer mata a cuchilladas en Tenerife a su compañera sentimental
ABC, 2007-04-11
CE CASTRO
SANTA CRUZ DE TENERIFE. La tranquila calle Cañadas del barrio obrero de El Fraile en el municipio tinerfeño de Arona fue el escenario en la mañana de ayer de un trágico suceso, en el que una mujer de origen colombiano murió acuchillada por quien diversas fuentes señalan que era su compañera sentimental. Un hecho que pone sobre la mesa las limitaciones de la vigente legislación «de género», que establece claramente los criterios punitivos cuando la violencia la ejerce un varón sobre una mujer, pero que no regula estos supuestos. Marisol, de 36 años, fallecía sin que los facultativos del Servicio de Urgencias de Canarias pudieran impedirlo, dada la gravedad de la mortal puñalada que recibió en el tórax.
En un primer momento, Cinthia, su compañera de piso, – ninguna fuente oficial ha confirmado aún su relación sentimental – señaló a los miembros de la Guardia Civil que Marisol se había autolesionado, pero horas más tarde fue detenida, ya que había elementos suficientes en la investigación como para descartarlo. «Las heridas no fueron producto de una acción voluntaria de la víctima», señalaron a este periódico fuentes cercanas a la investigación. Por este motivo, Cinthia, de 37 años, de origen brasileño, fue detenida finalmente, tras prestar declaración. Las pesquisas están bajo secreto sumarial, por lo que no se ha confirmado el móvil del presunto homicidio, pero sí ha trascendido que ambas convivían en un piso desde mediados del pasado mes de diciembre.
Indicios de culpabilidad
Los agentes de la Guardia Civil tras realizar una inspección ocular de la vivienda donde sucedieron los hechos y apreciar algunos elementos sospechosos, determinaron que pudo haberse producido una discusión. Así, con todos los datos obtenidos, los agentes decidieron imputar el delito de homicidio a la compañera de piso.
Más tarde, al lugar de los hechos se trasladó la comisión judicial, que ordenó el levantamiento del cadáver a mediodía. Una vez finalicen las diligencias, la detenida será puesta a disposición de la autoridad judicial, según ha informado la Guardia Civil.
Todo comenzó a primera hora de la mañana, alrededor de las ocho. La mujer brasileña salió de su edificio solicitando ayuda y unos obreros que comenzaban a trabajar a esa hora la auxiliaron. Al llegar al domicilio, se encontraron a Marisol tumbada en el suelo. Minutos más tarde llamaron al servicio de Urgencias 112, pero ya era demasiado tarde para salvar su vida. Aunque algunos vecinos de la localidad del sur de Tenerife confirmaron a Efe que las dos mujeres mantenían una relación sentimental, las fuentes de la investigación señalaron que no hay constancia ni elementos para confirmarlo. Este aspecto se indagará, por si pudiese afectar a la investigación para determinar el móvil. Las pesquisas prosiguen y en las próximas horas se comenzará a interrogar a vecinos, familiares y conocidos de la víctima y de la presunta homicida.

¿Otro tipo de violencia?

La muerte de Marisol no pasará a formar parte del largo listado de fallecimientos consecuencia de la violencia de género. Aunque no esté confirmada la relación sentimental entre las dos mujeres, si finalmente fuese así y se corroborase este supuesto, en este caso no se hablaría de violencia doméstica o de género, ya que la normativa al respecto es clara.

La Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género establece que sólo se hablaría de este tipo de casos en el supuesto de tratarse de violencia que, «como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones de afectividad».Leer más...

viernes, 8 de agosto de 2008

El segundo clóset

Escrito por Daiana Rosenfeld
FUENTE : Publicado en Artemisa NOTICIAS el 22.11.2005
http://www.artemisanoticias.com.ar/

El caso de la mujer que el mes pasado mató a su pareja en el bingo de San Fernando cuando se enteró que ella estaba saliendo con un hombre, deja entrever que la violencia entre parejas de mujeres también existe, pero es un tema que no está legitimado y que conlleva una doble presión: la visibilidad del ser lesbiana y la aceptación de una violencia que parece silenciada.
"El maltrato es un ejercicio de abuso de poder y de control de la autonomía de la otra, sometiéndola a las necesidades propias. La violencia se da del mismo modo que las parejas heterosexuales, pero en esta sociedad no se la reconoce", explica Laura Eiven, una de las fundadoras de Desalambrando, abriendo el camino para salir del segundo closet, el primer programa argentino dedicado de la prevención, asistencia e investigación de violencia doméstica entre lesbianas.

En una sociedad en la que predominan las relaciones heterosexuales, la violencia doméstica entre mujeres parece una situación difícil de ver y aceptar. Pero como toda pareja, los problemas existen y los vínculos entre mujeres no son la excepción. "Me resultaba imposible reunir las dos imágenes incongruentes de mi pareja. Me aferraba a la imagen de 'la buena' como si 'la mala' fuera una ilusión, como si la maltratadora fuera un producto de mi imaginación. Después de cada explosión aparecía una mujer arrepentida, que pedía disculpas y juraba no volver a hacerlo jamás. Ella tenía dos facetas completamente diferentes, era una persona única. Y esa persona única era la que estaba maltratándome", cuenta uno de los testimonios anónimos del libro estadounidense Naming the Violence, acerca del maltrato entre mujeres.


( NOTA de MUACVE: Naming the Violence Speaking Out about Lesbian battering lo recopiló, editó y publicó la activista lesbiana feminista Kerry Lobel-en la foto- el año 1986)

La violencia entre parejas de mujeres puede ser tanto física como psicológica y va variando según los ciclos. La psicóloga Irene Pugliese señala que al principio hay una acumulación de tensiones en el vínculo relacionadas con los celos y la desconfianza que puede culminar luego en agresiones verbales y físicas. Por último, después de la tormenta, viene el período de la relajación, en el que se intenta reconciliar la situación.

"Mi primera pareja fue cuando tuve 18. Salí dos años con una chica, éramos muy compañeras y nos divertíamos juntas hasta que un día comenzó a controlarme, sus celos eran infrenables. Nunca llegó a golpearme, pero sí me amenazaba constantemente con que me haría daño sino me comportaba con ella quisiera", cuenta Mercedes, una de las mujeres que sufrió un tipo de maltrato psicológico muy común.

Si bien no hay un perfil de "maltratadora", generalmente son mujeres que crean dependencia y que descalifican y manipulan a su pareja. "Presionan tanto a la otra persona hasta que las hacen perder su autonomía y estima. Las víctimas terminan viviendo con miedo", aclara Eiven. Sin embargo, agrega que dentro de los tantos mitos que se generan como el de que una siempre es más masculina que la otra, esto no es así, "la persona violenta generalmente es una mujer muy sociable en su grupo de pertenencia".

"Una no se da cuenta, pero a veces no puede controlar su ira. Pesa mucho el qué dirán en una sociedad tan discriminatoria como ésta. Nunca he llegado a pegarle a mi pareja, pero hay veces que las situaciones se van de las manos y es muy difícil mantener el equilibrio", explica Cecilia, una mujer de 39 años que tiene una pareja estable hace cinco.

La lesbofobia

La discriminación hacia las lesbianas no es una novedad en la sociedad actual y también hace diferencia en lo que es el maltrato. La coordinadora de Desalambrando explica que hay mujeres violentas que amenazan "no sólo que van a matar a su pareja o que nunca se van a poder deshacerse de ellas sino también con que van a llamar al trabajo de su novia para decir que es lesbiana. Esto no es un detalle menor porque hacer pública su situación puede causar repulsión y marginarla aún más". El caso de Mercedes se relaciona con este tipo de control: "Mi ex me amenazaba con develar mi orientación sexual a mi familia sabiendo que aún no me había visibilizado. Si lo hacía en ese momento, me arruinaba
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TESTIMONIOS

(LOS SIGUIENTES TESTIMONIOS FUERON TOMADOS DE LA PÁGINA WEB DEL PROGRAMA DESALAMBRANDO* en el año 2006 -* el primer programa argentino dedicado de la prevención, asistencia e investigación de violencia doméstica entre lesbianas)

En la foto: la activista lesbiana feminista estadounidense Kerry Lobel, autora del primer libro conocido en el mundo sobre violencia lésbica


1.La pareja perfecta (1)
Por Cory Dziggel (2)

1. Este texto pertenece al libro Naming the Violence; speaking out about lesbian battering, Kerry Lobel edit., The Seal Press, Seatle, EEUU, 1986. Traducción de Alejandra Sardá, julio de 1995.

Ofrezco el siguiente boceto autobiográfico a las lesbianas maltratadas y a quienes trabajan en el movimiento de mujeres maltratadas para comenzar a contar la historia de las lesbianas que sufren maltrato.


Creo que el movimiento no va a tomar en serio el maltrato a las lesbianas hasta que nosotras no comencemos a contar nuestras historias. Mi esperanza es que quienes trabajan en el movimiento de mujeres maltratadas comiencen a acercarse a las lesbianas que está sufriendo violencia, que vayan a buscarlas a sus casas y les ofrezcan apoyo y sostén. Como lesbianas maltratadas, nosotras también reclamamos el derecho de vivir libres de violencia.

Tengo 38 años. Creo que ha sido lesbiana desde los 15. Tuve mi primera relación sexual con otra mujer a los 17. Ella había sido mi compañera de escuela. Las dos teníamos novios. Su nombre era Louise. Finalmente les dijimos a nuestros novios que se las tomaran porque reconocimos que nos gustaba más estar juntas que estar con ellos. Después de terminar la secundaria nos escapamos juntas, básicamente porque nuestras familias estaban furiosas y querían prohibirnos que nos siguiéramos viendo. Por eso nos fuimos del Estado en que vivíamos y así estuvimos durante un tiempo. Cuando nuestras familias descubrieron que la cosa iba en serio, decidimos que ya podíamos volver a vivir cerca de ellas. Lo hicimos. Esa relación duró dos años. No fue violenta. Nos separamos amistosamente.
A mi siguiente pareja la conocí un año antes de que empezáramos nuestra relación. Sabía que ella tenía mal carácter. Una vez, Louise y yo salimos con Sue y su pareja de entonces. Yo tuve que ir a hacer un llamado telefónico y cuando regresé, Louise me pidió que nos fuéramos inmediatamente porque acababa de presenciar cómo Sue golpeaba a su pareja. Nos fuimos. Cuando más tarde comencé a salir con Sue, no pensé demasiado en ese episodio. Viéndolo en retrospectiva, me doy cuenta que Sue fue bastante violenta conmigo desde el comienzo mismo de nuestra relación, pero en aquel momento yo pensé que eso se debía a que ella todavía se estaba separando de su pareja anterior y estaba bajo mucha presión.


Sue y yo llevábamos unos tres días viviendo juntas cuando ella se enojó y me golpeó por primera vez. Estábamos en el dormitorio. Inmediatamente salí de la habitación y me fui a otra parte de la casa. Más tarde, ella se acercó, me pidió perdón y me prometió que no volvería a suceder. Unos seis meses más tarde nos mudamos a un lugar aislado. Antes habíamos estado viviendo en la ciudad. Ahí fue donde las cosas se pusieron realmente mal. Me hizo pedazos la guitarra. A mi perra la pateó y la pisó muy fuerte para sacarla de la casa. Varias veces me destrozó la ropa. Me tiró con platos, cacerolas y cualquier otra cosa que tuviera a mano. Me pateó, me dio trompadas y me cacheteó. Con frecuencia tuve moretones. Nunca pude entender lo que desencadenaba esos actos. Cualquier frustración o problema, por pequeño que fuera, parecía explotar inmediatamente en un exabrupto exagerado. Esto sucedía cuando la frustración tenía que ver conmigo y también cuando no. Podía deberse a algún proyecto profesional en el que ella estuviera trabajando. A veces, era por el trabajo que hacíamos juntas. Nunca me sirvió pedir perdón. A menudo intenté disculparme con la esperanza de que eso evitas la violencia. No funcionó. Intenté irme. Eso la enfurecía aún más. Me insistía en que me quedara. A veces realmente no podía soportarlo y me iba a otra habitación. Ella me seguía y continuaba con su violencia. Esos episodios podían durar desde una hora hasta cuatro, según la energía que ella tuviera.
La primera Navidad que compartíamos le regalé una 22 porque le gusta practicar tiro. Fue el error más grande que cometí en mi vida. Se enloqueció. Tiró el árbol de Navidad por la ventana. Recuerdo que todos los adornos eran azules. Luego tomó el revólver y me apuntó a la cabeza. Yo no sabía si estaba cargado o no. Me aterré. No recuerdo lo que me dijo pero se que tomé el revolver y lo tiré por la ventana, de la misma manera que ella había tirado el árbol. El revolver se hizo unos raspones. Durante 11 años, cada vez que ella miraba el revólver me recordaba que yo lo había estropeado tirándolo por la ventana. Nunca parecía recordar que me había apuntado a la cabeza con el arma.


Yo no crecí con esto. No conocí la violencia. Dado que pedir perdón no funcionaba, que salir de la habitación no funcionaba, comencé a tirarle cosas yo también cuando ella me las tiraba a mí y a sujetarle las manos cuando venía a golpearme, ya que yo era más fuerte que ella. Pero esto tampoco funcionó porque ella se ponía cada vez más furiosa. Que yo le respondiera parecía enfurecerla todavía más. Por eso supongo que lo que opté por hacer fue salir de la casa cuando ella comenzaba a ponerse así, porque sabía que ninguna otra cosa parecía funcionar. Primero comencé a irme con el coche. Pero eso fue un gran error porque ella se paraba en el parachoques o se acostaba sobre el capot y me exhortaba a que me atreviera a lastimarla. Le encantaba dañar mi auto. Era una de las cosas que más le gustaba hacer en la vida. El auto era mi única posesión y yo lo quería mucho; fue el primer auto 0km. que pude comprarme. Ella le hizo muchas cosas a ese auto. Le abolló el capot. En una ocasión, se lo llevó y lo estrelló contra una boca de incendios mientras amenazaba con aplastarme a mí. A veces, cuando yo trataba de huir con el coche, ella se subía también y me decía: “No me bajo, me voy con vos”. Si yo arrancaba, ella comenzaba a darme trompadas en el pecho y en la cara. El peligro que corríamos las dos no parecía preocuparle y tampoco lo entendía. Ponía su pie sobre el mío y me hacía apretar el acelerador a fondo. Una vez yo estaba manejando por una carretera en el campo y ella le sacó las llaves de encendido y las tiró por la ventanilla afuera. Cayeron en pleno campo y nos pasamos una hora y media buscándolas. Me culpó a mí. Una vez, después de haberme atacado en el coche yo me bajé y le dije que me volvía a casa caminando. Ella se fue con el auto. Yo caminé durante un buen rato y después hice dedo. Me levantaron pronto y llegué a casa sólo 20 minutos después que ella. Ella se dio cuenta de lo absurdo que había sido todo y las dos nos reímos.

Lo loco de todo esto es que como yo quería que la relación funcionara, quería más que ninguna otra cosa que durara. Yo pensaba que mientras pudiéramos pelearnos y luego volver a juntarnos y resolverlo riéndonos de nosotras mismas por lo loco que era lo que nos había pasado, siempre volveríamos a reconciliarnos y la relación de alguna manera mejoraría.

Ahora me doy cuenta de que esto es ridículo, pero durante muchos años sentí que era lo correcto. Con los años la fui conociendo mejor, por supuesto. Me fui sintiendo más cerca suyo con lo años. La fui amando más, con los años. Todo eso es cierto. Y de alguna manera me convencí a mí misma de que eso significaba que la relación iba mejorando.
Todo lo que he contado hasta ahora sucedió en el primer año de nuestra pareja. La relación entre nosotras duró 11 años. La violencia se fue haciendo cada vez peor, como dicen los libros. Se volvió más frecuente. Cada vez era algo más insignificante lo que la desencadenaba. Yo podía sentirla venir. Ella comenzó a atacarme verbal y físicamente delante de otras personas. Mis moretones se hicieron más grandes. Siempre me pidió perdón, después. Siempre me prometió que nunca iba a volver a hacerlo. Después de haberme atacado y pedido perdón, venía una época más tranquila que duraba cierto tiempo. No es que fuera maravilloso, sólo era más tranquila. Pero esas épocas más tranquilas se fueron haciendo más breves y más escasas.

Tienen que entender que yo soy mucho más fuerte que ella, aunque en la última etapa de la relación cuando ella se enfurecía en serio yo ya no estaba segura de ser capas de detenerla. Cuando ella se enfurecía, adquiría una fuerza enorme. Varias veces yo no supe si iba a ser capaz de defenderme.


Recuerdo la vez que me estranguló y yo comencé a sentir que me desmayaba, a verlo todo negro. Fue entonces que me dí cuenta lo frágil que era mi vida. Entendí que ella era capaz de matarme, que tal vez deseara matarme y que tal vez lograra matarme algún día. Algo dentro mío se despertó. Recobré mi fuerza y me aparté de ella.

Necesito decir que yo también fui violenta con ella, en respuesta. Nunca empecé yo, pero sí respondí. Cuando ella se ponía violenta conmigo, a veces yo le respondía. Una vez le choque el auto. Otra vez le puse un ojo negro. Pero la mayoría de las veces lo que hacía era inmovilizarla o detenerla y no lastimarla.
Casi un año antes de que nos separáramos yo comencé a beber. A beber mucho. Acabábamos de mudarnos. Ella parecía distante, inaccesible. Me dijo que se estaba haciendo amiga de algunas mujeres de su lugar de trabajo. Me aseguró que era algo inocente. Pronto me enteré que estaba manteniendo relaciones sexuales con una de esas mujeres. Me sentí destrozada. Bebí más. Una noche me emborraché mucho y la llamé a casa de su amante y le supliqué que volviera a casa. Me prometió que lo haría. Cuando entró yo dejé salir los 11 años de bronca acumulada por todo el maltrato que había sufrido, por la violencia, por el daño que le había hecho a mi perra y a mis objetos queridos. La tiré al suelo. Me le puse a horcajadas para no dejarla moverse. Recuerdo que me quedé ahí sentada sobre ella y la miré. Entonces me dí cuenta que deseaba matarla y que era incapaz de hacerlo en ese momento. Recuerdo lo intenso que fue en ese momento el deseo de matarla. Pero también recuerdo el terror que ese deseo me produjo. Me espantó ver lo que yo deseaba hacer. Sabía que no me iba a permitir hacerlo. Juré que jamás volvería a colocarme en ese lugar. La dejé libre y ella se fue.

Han pasado dos años. Me siento bien. Ni un solo plato roto. Ni un solo moretón. Ningún objeto volador. Mi perra que cada vez que empezaba una pelea se ponía a temblar y a aullar ahora se ha convertido en un animal plácido, cálido, confiado. Pero es cierto que cuando vienen amigas y nos reímos en voz alta, ella se agita y se muestra asustada.


Ahora veo que pasé esos 11 años caminando en puntas de pie alrededor de Sue, intentando evitar todo y cualquier cosa que pudiera hacerla infeliz. Me aislé de mi familia. Toleré sus ataques racistas y clasistas contra mi familia. Fui amistosa con las personas que ella quería e interrumpí el contacto con las que no les gustaban. Todas nuestras amigas eran en común. Ninguna era realmente mía. En esos 11 años, dos veces intenté hacerme de nuevas amigas en el trabajo. Cuando las llevé a mi casa, Sue tuvo una actitud odiosa. Me desvalorizó. La situación fue demasiado vergonzosa y yo no supe manejarla. Finalmente, dejé que fuera ella quien eligiera nuestras amigas. La ironía es que las personas que fueron amigas nuestras durante 11 años fueron básicamente conocidas mías de antes, amigas mías muy cercanas. Si a ella le caían bien, se convertían en amigas de las dos. Si a ella no le gustaban, tenían que desaparecer. Lo extraño s que ahora, 2 años después de nuestra separación, esas mujeres que originalmente habían sido amigas mías ya no quieren vernos a ninguna de las dos. Sue destruyó mi relación con ellas.

Supongo que el otro motivo por el cual yo no soy ya amiga de estas mujeres es porque ellas no saben cómo manejarse con la ruptura de nuestra relación. Nos conocían como “la pareja perfecta”. Muchas mujeres de otros Estados venían a parar a nuestra casa para descubrir dónde estaba la magia de la maravillosa vida que compartíamos. ¿No les parece una locura? Pero es cierto. Por eso, ahora no saben qué hacer frente a la ruptura. Las que se dieron cuenta de la violencia no supieron y aún no saben qué hacer con eso. De alguna manera ser amiga mía es tomar partido y eso produce demasiado miedo. Ellas no saben cuales pueden ser las consecuencias. Sue es una persona muy fuerte. Es muy inteligente, brillante, ingeniosa. Es una profesional valorada. Es poderosa y tiene mucho carisma. Siempre parece capaz de tomar el control, se encuentre en la situación que sea. Cuando quiere, puede ser muy encantadora y solícita. Y yo soy básicamente ese tipo de persona tranquila, reservada, suave, amorosa. Para la mayoría de la gente elegir entre nosotras dos requiere de una gran dosis de coraje. Sé que puede sonar extraño, pero yo realmente creo que le tienen miedo.

A mi me llevó mucho tiempo poder reconocer que fui víctima de maltrato físico y emocional en esta relación. ¿Cómo podés ser una víctima si le pusiste el ojo negro a la otra? ¿Cómo podés ser una víctima si sos más fuerte que la otra persona?

Yo pienso que sos una víctima si sos la que siempre trata de evitar las peleas. Pienso que sos una víctima si te pasás la vida andando en puntas de pie alrededor de la otra para evitar cualquier controversia o frustración. Pienso que sos víctima si te quedás callada para frenar o detener la violencia de la otra persona. Pienso que sos víctima si pedís perdón por haber actuado mal aún cuando sinceramente no creés haberlo hecho, pero pedir perdón te parece la mejor manera de pacificarla y de detener una pelea. Creo que sos víctima cuando comenzás a estar de acuerdo con la otra en que lo que ella dice es la verdad aún cuando vos sabés que objetivamente es mentira. Pienso que sos víctima cuando comenzás a sentir que te estás volviendo loca porque entendiste claramente que la otra te dijo “A” y ella insiste, ofendida e indignada en que te dijo “B” y que sos vos quién entendió mal. Pienso que sos una víctima cuando empezás a hacer cosas que son autodestructivas en respuesta a la furia y al maltrato de la otra persona. Pienso que sos víctima cuando abandonás tu persona, tus sueños, tus actividades, tus placeres, para complacer a la otra persona.

Pero yo sé que soy una sobreviviente. Me defendí cuando ella podría haberme matado. Le pedí que saliera de mi vida cuando temí llegar a matarla. Soy una sobreviviente porque la nenita que se enamoró de Sue al principio –una criatura que no sabía nada, que no podía nada y que dudaba de sí misma– maduró y se convirtió en un mujer de pensamientos claros, que confía en sí misma y es fuerte. Todo esto sucedió aún viviendo con Sue bajo las circunstancias más adversas y violentas. Soy una sobreviviente porque peleé con todo mi ser para hacer de esa relación algo durable, valioso, respetable, pleno de confianza: el tipo de relación que yo quería. Soy una sobreviviente porque aunque sé que todavía la amo, la he eliminado completamente de mi vida. Reconozco que nada bueno puede pasar entre nosotras; que involucrarla en mi vida, al nivel que sea, no es más que abrirle de nuevo la puerta a toda esa violencia, esa furia, esas turbulencias. Soy una sobreviviente porque me quiero a mi misma y por lo general soy tranquila y paciente conmigo misma y con otras personas, me gusta cuidar a la gente y casi no siento la necesidad de ejercer control sobre nadie.

Ahora tengo otra pareja. No hemos tenido peleas, ni violencia y tal vez unas cinco discusiones. Ninguna de las dos es perfecta pero es bastante claro entre las dos que cuando una está de mal humor la otra no tiene por qué soportar la carga de esa irritación ya sea verbal o físicamente. La que está de mal humor suele confinarse en una habitación para que la otra no tenga que soportarla. La presión de tener siempre razón o de demostrar que la otra está equivocada no existe. Somos dos personas diferentes. Cada una tiene sus habilidades y destrezas específicas. En general, no se superponen. No competimos a ver quién es la profesional más exitosa. Ninguna de las dos siente la necesidad de controlar a la otra. Siempre somos respetuosas. En cierta medida, esto ha sido más fácil porque las dos somos adultas que nos hemos encontrado después de los 35 años, cuando ya sabemos bien quiénes somos, tenemos expectativas limitadas acerca de la otra y sabemos muy bien lo que una relación puede aportar en la vida de una personas y lo que no. Es claro que la madurez ayuda a que esta segunda relación funcione. Pero la madurez en sí misma no es la causa de la falta de violencia. Las dos estamos comprometidas para no permitir que entre la violencia en esta relación. Ni en lo verbal, ni en lo físico, ni en lo emocional ni en lo espiritual.

A veces imagino qué diferente hubiera sido mi vida si hubiera habido una comunidad que dijera que el maltrato entre lesbianas es violencia en serio, no una pelea inocente entre personas cercanas. A veces imagino qué diferente hubiera sido par mí las cosas si me hubiera sentido menos sola y menos avergonzada. Las sobrevivientes del maltrato entre lesbianas debemos hablar ahora, por nosotras mismas y por nuestras hermanas.

1. Este texto pertenece al libro Naming the Violence; speaking out about lesbian battering, Kerry Lobel edit., The Seal Press, Seatle, EEUU, 1986. Traducción de Alejandra Sardá, julio de 1995.

2. Es escultura, pintora y ceramista y militante del movimiento de mujeres maltratadas. Es una mujer de campo y madre de Travis, que es dulce y travieso. Se reconoce como lesbiana desde que era adolescente. Coordina el Programa de Mujeres en Crisis en Berk, Pensilvania y en ese trabajo está comprometida con lograr que todas las mujeres maltratadas se fortalezcan. Una de las mayores alegrías que ese trabajo le depara es la de apoyar a las niñas y niños y facilitar alianzas entre las mujeres maltratadas y sus criaturas.
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2. Una forma de decir (*)

Escrito por Mary Louise Addams

Ahora no puedo pensar con qué frecuencia sucedía, pero durante meses su regularidad me señaló el paso del tiempo. Cuatro o cinco días de calma y yo ya sabía que tenía que empezar a esperar que ella lo hiciera. Y yo esperaba, poniéndome más ansiosa, más intranquila, a medida que el tiempo pasaba. Casi llegué a darle la bienvenida a la violencia como alivio de la tensión. En quince minutos todo estaba terminado. Ella era de nuevo cálida y cuidadosa, me acariciaba la frente, me secaba las lágrimas, me prometía que eso nunca iba a volver a pasar. Yo me obligaba a creerle.

Hace casi dos semanas que dejé el departamento y me mudé a casa de Abby. Conozco a Abby Goldman desde que tengo casi tres días de vida. Mi madre y la suya eran mejores amigas y nosotras continuamos la tradición, compañeras constantes durante veinte años. Desde que me asumí hemos pasado menos tiempo juntas pero en momentos de tembladeral emotivo todavía corremos a brindarnos mutuamente una oreja que confiamos será sin prejuicios. Sin ella, es probable que yo hubiera vuelto con Helen hace ya días.

Una sola vez volvió al departamento desde que me fui. Abby me trajo para que pudiera llevarme algo de ropa. Ella tocó el portero eléctrico para estar seguras de que Helen no estaba y me apuró todo el tiempo sin que yo pudiera reflexionar acerca de lo que estábamos haciendo. Ahora que estoy aquí, sin Abby, me muevo con lentitud, recordándome cada tanto a mí misma qué es lo que estoy haciendo, confrontando las grietas que hay en mi decisión.

Helen está en su trabajo. Abby me trajo esta mañana para que organizara mis cosas, hiciera los bolsos y me fuera. Ella quiere que yo esté un poco sola, pero va a volver a la tarde. Le dejé la llave del departamento de Helen por si pasa algo.
EL living y la cocina son lo más fácil y lo menos doloroso así que me ocupo de ellos primero. Dejo el dormitorio para el final, para no empezar el día hundiéndome en el llanto y los recuerdos. Trato de calmarme siendo eficiente, acomodando las cajas en pilas bien prolijas, las más chicas en el rincón al lado de la cama, las grandes al lado del armario, las más viejas y baqueteadas junto a la puerta de servicio. Pero sigo sintiendo tan fuerte en esta habitación. A todo le adoso recuerdos de ella: la alfombra que le regalé para su cumpleaños, los estantes que ella construyó, sus libros, su ropa, una foto de las dos sobre su escritorio. En esa foro estamos sentadas en el porche de la casa de su madre y su padre, sonrientes, tocándonos, obviamente enamoradas. Qué apropiadas resultaban mis mangas largas para cubrirme los moretones que tenía en el brazo. Una pareja tan feliz.
Tuve algunas relaciones antes de Helen, todas divertidas, todas breves. Yo era una lesbiana militante, no del todo pública, que vivía en una pequeña ciudad de Notario. En total conocería unas siete tortas, una de las cuales invitó a Helen a una fiersta. Ella se fijo en mi de inmediato.


Helen era un personaje imponente en nuestro pequeño grupo. Adornada con pañuelos, brazaletes y collares de cuentas, movía su cuerpo delgado con mucha gracia, sintiéndome como en su casa al ser el centro de la atención. Su pareja acababa de dejarla, pero mostraba pocos signos del dolor o el retraimiento que suelen seguir a una ruptura. Mientras coqueteaba conmigo yo me maravillé de su compostura.

Cuatro semanas después yo estaba inundada por sus actos de seducción: notitas eróticas, flores cortadas, comidas soberbias. Como nunca antes sentí la satisfacción de ser deseada. Pronto nos enamoramos y después de tres meses de romance apasionado nos fuimos a vivir juntas. Las cosas cambiaron.
Ahora sé que tuve algunos avisos de lo que iba a suceder. Pero mis ojos estaban nublados por el amor y no pude verlo venir. Momentos en los que estaba tan frustrada que “podría haberme pegado”, lo que yo tomaba como una forma de decir. Pero la primera vez que sus hermosos ojos verdes se volvieron de piedra y todo su cuerpo se tensionó a mi lado yo sentí que el miedo se alojaba en mi estómago.


Trato de irme pero entre su cuerpo y la pared no hay adónde ir, entonces siento su mano sobre mi garganta, su peso que rueda sobre mí, clavándome bajo la suavidad de sus pechos, la insultante línea de su vientre. Mientras lucho, me recorre la clavícula con la punta de los dedos. No puedo con su fuerza y con su rabia. Aún así, educada hijita de mi mamá, no emito sonido alguno, para no despertar a la mujer que duerme abajo, ni me voy cuando ella por fin se calma y se duerme, de cara a la pared.

Pasó el resto de la noche aterrada y con frío, en cuclillas al costado de la cama, Mis piernas no me llevan así que me quedo, sin ropa ni mantas, observando cómo duerme Helen. Su cara se ablanda de una manera hermosa iluminada por la luz que viene de la calle. Sus manos apenas si sostienen la sábana debajo de su mentón, las florcitas rosas formando racimos alrededor de sus pechos. Se la ve vulnerable y me siento atraída hacia ella.

En la mañana me deslizo junto a ella y hago la prueba de tocarla con una mano. Me sorprende la familiaridad de su textura. Cuando se agita retrocedo, por que no sé que esperar; llora y la abrazo con cierta precaución. Con qué facilidad sus lágrimas hacen que yo borre de mi memoria la noche pasada. Qué difícil igualarla a ella, con pelo salado sobre mis pechos, con la mujer que me golpeó en el vientre desnudo con el puño bien cerrado. ¿Habrá estado soñando? Con el rabillo del ojo puedo ver los moretones que tengo en ambos hombros.

El cajón de debajo de mi escritorio está lleno de cartas que he guardado durante años. Si tuviera más tiempo haría un paquete con las que quiero conservar y las ataría con una cinta de colores. Las de Helen las voy a dejar sobre su almohada. No me imagino lo que va a hacer con ellas, cómo se va a sentir cuando entre a nuestra habitación y vea que me he llevado mis cosas. Quiero imaginármela solo y sufriendo pero la imagen no se mantiene, no es el estilo de Helen.

Todavía no me puedo imaginar en qué pensaba cuando me marcaba con su rabia, cuando.., cuando..., las palabras para describirlo no me salen, se me quedan en la garganta. Soy incapaz de pronunciarlas. Ahora trato de convencerme de que fueron mi fuerza y mi determinación las que la llevaron a eso, negándome a creer que me vio maleable o débil, fácil de domesticar. Pero sí que me domesticó. No pude dormir. Me volví callada, vergonzosa. Mi inseguridad se intensificó a medida que fui perdiendo contacto con mis amigas. ¿Lo habrá notado? En su mente nosotras éramos apasionadas, íntimas, absortas la una en la otra; no necesitábamos a nadie más. Helen acariciaba ideas románticas acerca de nuestro feliz aislamiento, convenciéndome de que me bastaba amarla para sentirme completa.

Cuando se lo pregunté, me dijo que no le gustaban mis amigas, que eran aburridas porque siempre hablaban de política. Ella muy pocas veces condescendía a pasar un momento con ellas y fabricaba planes muy elaborados para eludirlas, ocaciones especiales sólo para dos. Eventualmente, mis amigas dejaron de llamar.
Al poco tiempo de haberme ido a vivir con Helen vi a una de mis escamantes, Sylvie. Ella se había ido a otra ciudad para estudiar y nos habíamos ido alejando. Cuando vino a pasar un fin de semana aquí traté de hablarle de Helen, de contarle lo que estaba pasando, con mis lastimaduras y moretones como prueba. Necesitaba alguien con quien poder hablar. Después de una larga pausa, Sylvie me cambió de tema y se concentró en uno más alegre. Y como ella nunca lo volvió a mencionar, yo hice lo mismo: no se lo volvió a decir a nadie hasta la noche que fui a casa de Abby.


Helen duerme mientras yo estoy aquí despierta, sin atreverme siquiera a tomar un libro por miedo a que el ruido de las páginas la despierte. Miro los árboles por la ventana que está junto al placar y escucho el movimiento inalterado de su respiración. Le toco apenas los pelitos de la espalda esperando que abra los ojos y gire hacia mi. Como anoche nos peleamos, mi espera está llena de expectativas. Necesito estar con ella. Imagino una y otra vez las palabras que me va a decir, las excusas que me va a presentar, los besos que va a depositar con todo cuidado sobre mi mejilla. “Mi amor, lo siento tanto, sabés que no quise hacerte daño. No quise. Fue algo que pasó. No pude contenerme. Lo siento mucho. Yo sé que me creés. Dejame abrazarte. Me voy a portar mejor. Lo siento. Perdonáme. Lo siento ¿Todavía me amás? Es la última vez te lo prometo. La ultima vez. Te amo ¿Te lastimé? Lo siento. Lo siento tanto. Es la última ves”. Ella se va a despertar, arrepentida, y va a hacer que todo sea mejor.

Pocas veces sucedió de esa manera. Helen muchas veces me dijo que no se acordaba. Yo muchas veces no me preocupé por recordárselo. No quería que se enojara. Es tan difícil creer que yo no quería hacerla enojar. Una buena medida de su éxito.

Hablamos y ella se pone triste, pide perdón. Me acaricia la cara, el cuello, aprieta los labios contra mi mejilla. Mezclando sus lágrimas con las mías, me susurra su afecto por mí y como todas las otras veces, me hace el amor, lenta y suavemente, su regalo para darme seguridad. Aferrada a ella trato de convencerme que, si tengo el suficiente cuidado, la suficiente paciencia, ella va a cambiar.
Nunca llegué a pensar que era culpa mía, pero sí pensé que de alguna manera la única que podía terminar con eso era yo.


Sentada en cuclillas en este piso de madera, imagino a Helen que entra en la habitación, se sienta en la cama y me mira mientras guardo mis cosas. Siento sus ojos sobre mí, como los he sentido antes, siguiéndome por la habitación, siguiéndome apenas cruzo la puerta, siguiéndome cuando me aparto de ella en una fiesta. Sus miradas tienen peso. Son suaves y hacen sentir bien cuando hacemos el amor, me inmovilizan y me aplastan cuando mi cuerpo absorbe su rabia.

Me dije a mi misma que ella estaba enferma, que le pasaba algo malo, que necesitaba de mi protección contra lo que fuera que la había hecho lastimarme. Yo era tan ingenua, una torta todavía no endurecida, fascinada con las mujeres, un blanco fácil para ella. Mi ideología era simple e inflexible, tenía problemas. Los hombres golpeaban, las mujeres no. Ella no me estaba maltratando, tenía problemas. Ella era una mujer cálida, llena de amor y me adoraba. Ella era una lesbiana y las lesbianas se tratan de manera igualitaria. Dan y toman. Elaboran juntas los problemas. Son suaves. No tratan de estrangular a sus parejas.
La última vez que la ví fue un martes. Había pasado una semana desde su última furia y ya era momento de la siguiente. Yo había pasado toda la tarde sola en casa, nerviosa, aterrada frente a la posibilidad de que ella volviera.


Y finalmente vuelve. Me hago la dormida pero me empuja con fuerza cuando se sienta en la cama para desvestirse. Es difícil ignorar su llegada. Al registrar mi ansiedad sonríe y se inclina a besarme en la mejilla de manera extraña. Su aliento a alcohol me repele y me doy vuelta, arropándome con las mantas, recordándome que esta vez he decidido enfrentarla. Ella se derrumba en la cama y yo me tensiono, anticipando los golpes.

No hay ninguno. Me doy vuelta y la veo dormida, profundamente. Trato de sacudirla para que se despierte, para que resuelva su furia, para que se termine la tensión que me ha tenido todo el día jadeando como un perro con sed. Quiero terminar con esto, terminar con ella. Verla dormida tan tranquila me hace temblar. El sonido de su respiración me aporrea los oídos y salgo corriendo de la habitación. Final resumido: camino a zancadas para calmarme, diciéndome al mismo ritmo de mis pasos: “Quiso lastimarme y no pudo. Quiso...” No puedo controlarme y las palabras vienen una y otra vez. Llamo a Abby, la despierto, le digo que voy para allá. Me visto en silencio, me llevo mi cartera y mi diario y me voy. Abby me espera en la puerta de su casa.

Cuanto más tiempo paso acá más temo que Helen vuelva. Me duele el cuerpo por la tensión. Hay ruido afuera, en el hall. Son las cañerías, pero mis músculos responden. No me puedo relajar. Me sobresalto ante el menor ruido y ahora, mierda, tiré un florero y desparramé toda el agua. Si ella viniera y yo pudiera verla. Entonces terminaríamos con todo esto. Yo podría convencerme.
Los primeros días en lo de Abby los pasé durmiendo. Tuve sueños largos y vívidos con Helen, de nosotras dos haciendo el amor, de quedarme dormida en sus brazos. Soñé con su pelo, con el olor de su piel, con la sensación de su lengua. Yo no había planeado dejarla. Por cierto que no había planeado alejarme.
Durante esa primera semana, Abby raramente me dejó sola. Me impidió hablar por teléfono y atendía ella cuando Helen por fin averiguó dónde estaba yo. Una mañana me desperté escuchando una discusión en la puerta principal. Logré llegar a tiempo a la ventan como para ver a Helen caminando furiosa por la calle. Empecé a vestirme a toda velocidad pero ahí estaba Abby deteniéndome mientras yo la maldecía por se tan insensible, por no entender, por hacer enojar a Helen, por querer que yo estuviera sola. Ella me escuchó hasta que terminé de hablar, hasta que tuvo la certeza de que no me iba a ir y después se fue a preparar el desayuno para las dos. Estuve disgustada la mayor parte del día. Abby se quedó conmigo.


Ya está todo guardado salvo esta última caja con libros. Se acaba de abrir la puerta de abajo y alguien está subiendo las escaleras. Y ahora hay una llave en la cerradura. Voy a terminar antes de que ella entre.

* Este texto pertenece al libro Dykeversion: Lesbians Short Stories, Women´s Press, Toronto, Canadá, 1986. Traducción de Alejandra Sardá, 1995.

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3. Revelar el secreto: diarios 1982-1984
(1)

Marzo, 1982


Cuando tu pareja te pega cuando tu pareja te pega cuando tu pareja te pega
los moretones no se vuelven metáforas los poemas no curan nada

05/09/84

Recuerdo muy claramente cómo busqué en las librerías de mujeres aunque fuera una palabra, alguna mención del maltrato entre lesbianas. Me hubiera conformado con cualquier cosa, con dos líneas en “Plexus” (un diario de mujeres de San Francisco) o en “Gay Community News” (un diario lésbico/gay con sede en Boston) me hubiera bastado. Estaba desesperada por encontrar algo que me validara, por una demostración de que yo no estaba sola, algún pedacito de algo que me sirviera para explicar lo que estaba sintiendo. No, no era eso no necesitaba que me lo explicaran; necesitaba que me permitieran sentirlo.

Eso fue hace sólo dos años. Después de un año de silencio, las “pruebas” comenzaron lentamente a aparecer. Un cartel en la librería “A Woman s Place” invitando a participar de un grupo de apoyo para víctimas de maltrato entre lesbianas. El artículo de “Coming Up” (un diario gay de San Francisco) que intenté leer mientras volvía de San Francisco a casa, inmovilizada por un embotellamiento de tránsito sobre el puente, a la hora pico. El artículo de primera página en “Gay Community News”. Me siento aliviada al ver que se está hablando de esto, que se lo reconoce, como si colectivamente la comunidad estuviera dejando salir afuera un gran secreto (y eso refleja mi propio proceso de comenzar a dejar salir afuera mi secreto.
Pero también me siento resentida: ¿por qué y tuve que pasar por todo eso sola, por qué no había nada disponible cuando yo lo necesitaba?

Y ahora esta oportunidad de contar mi historia. Pero cuando pienso en escribir mi “narración personal”, la historia me viene en fragmentos. Me vuelven pedacitos de mis antiguos diarios. Fragmentos de recuerdos. Parece que ésa es la manera de encarar el asunto. Aplicarle una forma lineal a este contenido no parece ser lo adecuado.
12/09/84
La otra noche volví a leer algunos de mis viejos diarios, me senté en la cama a la 1 de la madrugada y los leí. Allí esta todo. Todos los estadios tortuosos, contradictorios por los que pasé. Puedo soportar leer acerca del dolor emocional/psíquico, pero todavía me duele ver mi propia negación de las cosas, mi negativa a sentir bronca, y cómo me aferré a las sensaciones de pérdida y a la urgencia de lograr una reconciliación. No quiero aceptar esa parte mía –o parece que no puedo aceptarla, aunque estoy intentando aceptarme/ amarme/ perdonarme por primera vez en mi vida, aunque estoy intentando ser tierna conmigo misma. ¿Por qué perdonarme? A veces todavía hablo como si yo hubiera sido la maltratadora y no la víctima. Todavía me culpo por haber amado a X después de lo que pasó. En ese momento yo también hubiera querido que el amor se auto-destruyera inmediatamente, que se desvaneciera a la mañana siguiente.Todavía me siento culpable de escribir estas palabras.
Domingo 15/03/82, 22:30 Hs.
¿Cómo hago para empezar a escribir acerca de esta pesadilla?
X me pegóX me pegóX me golpeó en la cara. Me ahorcó.Me tiró del pelo. Me retorció las muñecasMe llenó los brazos de moretones.
Y verbalmente me maltrató durante 3 horas, 4 horasMe amenazó con matarme a patadasSi volvía a decirle que se fuera de mi casaSi se lo contaba a alguien. Si volvía conRefuerzos.
No me dejó salir de la cama. No me dejó irme. Fue un monstruo. Un monstruo loco, enfermo y sádico.
El asco y el desprecio y el odio en su rostro cuando me imitaba, cuando me escupía cada palabra dicha en momentos de confianza, cada gesto íntimo. Diciendo que la maltraté, que me tiré encima suyo. Imitando mis “besos y caricias opresivas”. Mostrándome cuánto le desagrado. Maltratándome emocionalmente por odiarme a mi misma! Diciendo que yo era una cloaca y que por eso elola no me soportaba. Mis quejas sobre mi persona, mi escritura, mi trabajo. Gritándome al oído. Dice que no se va a ir de la casa. Se va a quedar durante 3 semanas, va a cortar la cama por la mitad, va a matar a las gatas. Tomó del cuello a una de la gatas. Le di una cachetada. Me odió por tenerle miedo. Se burló de todo lo que yo hacía. Me acusó de cosas que jamás hice.
Todo. Escupió sobre todo. En un momento estuvo a punto de escupirme en la cara y se rió cuando me vio cubrirme con el brazo.Tengo que sacarla de mi casa.
Fue como si no hubiera podido lastimarme lo suficiente. Más y más y más. EL volcán hizo eclosión.
Habló de su amor por mi. El amor y el odio. De cómo no tenía intención de lastimarme!
A eso de las 22 hs. Se durmió. Esperé gasta estar segura de que se había dormido y lugo me puse las primeras ropas que encontré, tomé mi bolso y salí corriendo. Durante un segundo pensé si debía llevarme a las gatas o no, pero supe que no tenía tiempo. Le pedí a la diosa que las cuidara. Manejé a la mayor velocidad que pude hasta la casa de P., temblando todo el camino.
Sigo buscando dentro mío algo que me alivie, intentando recordar quién es la persona que puede consolarme. ¿Quién me falta? La buena X. Pero la buena X no existe. Ella es ésa que es. Nada sagrado. Todo lo que hice o dije. Y si Y sí ella dijo que podía decir cosas que me devastarían.Una pesadilla. Me siento traumatizada y atrapada. Debo seguir recordando que algún día no voy a sentir este dolor. Dios, me duele. Y también estoy tan aturdida.
Tengo que encontrar la forma de sacarla de mi casa.
Nunca me he sentido tan sola
Por qué me está haciendo esto
Cómo puedo salir de esto. Cómo.
29/09/84
Mirando hacia atrás es fácil ver que lo que sucedió ese domingo a la mañana fue apenas una expresión física del maltrato que había venido ocurriendo continuamente a nivel verbal.Llevábamos 9 meses juntas cuando se produjo ese incidente y en todo ese tiempo había habido más de 30 episodios de maltrato verbal/emocinal. A esos episodios yo los llamaba “las explosiones de X”. Con frecuencia lo que las desencadenaba era algo sin importancia -un malentendido o una falla en la comunicación entre nosotras, algún incidente de su vida que le produjera tensión. Sucedían luego de un período de intensa cercanía e intimidad entre nosotras (lo que en el principio de la relación me llevó al error de creer que me encontraba frente a una mujer que tenía problemas para acercarse a alguien en forma muy íntima y que eso era todo). X estaba casi siempre borracha o drogada durante esos episodios. ¿Y cómo eran? Horas y horas de gritarme, de rebajarme, de acusarme de cosas que no había hecho, de decirme que me iba a dejar, de mencionarme todas las cosas mías que detestaba, todos mis defectos. Me gritaba hasta hacerme llorar y luego me seguía gritando y se burlaba de mí por llorar.
La mayoría de las explosiones ocurrían en situaciones donde a mí me era difícil escapar -en mitad de la noche, en cuartos de hotel, estando yo en casa de X y demasiado borracha o cansada como para irme a mi casa, estando ella en mi casa y negándose a irse. A veces yo elegía quedarme, me sentía inmovilizada. En esas ocasiones, participaba del conflicto e intentaba defenderme o negar sus acusaciones. Lo que me hacía quedarme, ahora lo sé, era la negativa a aceptar la realidad de su furia y la insistencia en ver todo el proceso hasta que cambiara. La negativa a irme hasta que “La X mala” se fuera y “la X buena” regresara.
Me resultaba imposible reunir las dos imágenes incongruentes de X. Me aferraba a la imagen de “la X buena” como si “la X mala” fuera una ilusión, como si la maltratadora fuera un producto de mi imaginación. Era fácil aferrarme a la ilusión de que ella en realidad era cálida, tierna y gentil dado que después de cada explosión aparecía una X arrepentida, que pedía disculpas y juraba no volver a hacerlo jamás. Qué peligroso resultó para mí el dividirla así. Fuera cierto o no que ella tenía dos facetas completamente diferentes, era una persona única. Y esa persona única era la que estaba maltratándome.
A medida que fue pasando el tiempo, las explosiones de X se hicieron más frecuentes y se fueron acercando cada vez más al maltrato físico. Me decía cosas como “tengo ganas de clavarte un cuchillo en el pecho”; me tiraba sobre la cama de un empujón; cada vez más parecía como si fuera a golpearme. Y una noche efectivamente intentó ahorcarme, poco después de que nos hubiéramos mudado a California. Estábamos en casa de P., en un dormitorio, justo al lado el que ocupaban P. y su pareja. Pero yo no pedí ayuda. ¿Qué era lo que me mantenía en esa habitación? ¿Qué me impidió ir a buscar a mis amigas en ese mismo momento? ¿Qué fue lo que me mantuvo dentro de esa pesadilla? ¿Qué es lo que hace que cualquier mujer permanezca en una pesadilla semejante?
10/01/84
Aun cuando las cosas “iban bien” entre nosotras X estaba llena de ira. No siempre estaba dirigida a mí. Ella destilaba odio hacia la gente blanca, hablando como si yo no fuera parte de ese grupo. Había un yo y un ellas/os. Yo era diferente. Pero durante las explosiones, yo me convertía en una de ellas/os. Me llamaba chica blanca, decía que odiaba mi culo blanco, etc. Cuando nos reconciliábamos, decía que en realidad no había querido decir esas cosas. Y así iba y venía. Una parte de mí le creía. Pero había otra parte que también actuaba. Fue mi primera relación interracial. Yo estaba comenzando a tomar conciencia de mi propio racismo y sentía en ese momento que debía escuchar todo lo que X decía sobre la gente blanca. Que yo era en realidad responsable por el racismo que ella había sufrido y que por lo tanto me merecía escuchar todo eso y exponerme a su furia. No estoy muy segura de cuánto de todo esto operaba en el resto de la relación. Pero sí sé que incluso después de que ella me hubiera maltratado físicamente yo, como mujer blanca, no me permití jamás siquiera pensar en llamar a la policía para denunciar a mi amante negra.
Lunes 15/03/82. 9:30 de la mañana
Escribir hasta que el dolor se vaya. Escribir mi corazón roto hasta que se deshaga. No puedo tolerarlo, quiero dejar de sentir. Quiero dejar de existir durante un largo tiempo y luego volver y que todo haya terminado. Quiero que alguien se lleve este dolor. Quiero que me acunen. Quiero cualquier cosa menos esto. Ella lo tuerce todo, todo lo da vuelta, diciendo que yo actué mal, que yo la traté mal, que la traté como a mierda porque vine con P., porque le pedí que se fuera de la casa. Me dijo: “se que actué mal, pero te llamé al trabajo y te lo dije; dije que quería que habláramos esta noche, le di de comer a tus gatas de mierda. Me preguntaste si me iba a poner violenta y te dije que no”.
Lloró y gritó. Está furiosa porque no confio en ella. Apenas comenzó a gritar, P. me sacó de ahí.
Estoy harta de esperar, de tapar mi furia y mis sentimientos. Estoy podrida de toda esta mierda. 4 horas de maltrato, de abuso y no fui capaz, ni me “permitieron” defenderme. Y ahora estoy esperando entrar en mi propia casa.
No siempre voy a sentir este dolor. No siempre voy a sentir este dolor. No siempre voy a sentir este dolor. Es mi único consuelo. Algún día esto va a ser pasado. Algún día le voy a cerrar mi corazón. Algún día me voy a recuperar. Algún día me voy a curar. Algún día me va a amar. Algún día voy a volver a confiar. Algún día este dolor se va a ir.
Debo cerrarle mi corazón. Y luego curarlo. Voy a necesitar mucha ayuda. Necesito terapia. No puedo siquiera imaginarme volviendo a tener una pareja. No puedo siquiera imaginarme sintiéndome bien de nuevo.
Me siento como una víctima de violación.
10/09/84

Anoche, pese a lo agotada que estaba, me quedé despierta y leí hasta la última palabra del artículo de “Coming Up” sobre el maltrato entre lesbianas y volví a lamentar que no hubiera existido un artículo así cuando yo le necesitaba. Volví a leerlo con mucho cuidado para asegurarme que de verdad yo fui maltratada (¿cuándo voy a dejar de dudarlo? ¿por qué lo dudo?).
Estaba pensando cómo nadie reconoció de qué estaba hablando yo cuando les describía las “explosiones” de X. Creo que sólo C. (mi terapeuta anterior) vio lo que estaba pasando, mucho antes de que yo lo supiera conscientemente o quisiera verlo. Ella fue quien me preguntó si yo sentía que X. Quería golpearme. Ella fue la que me dijo, en respuesta a mi cometario de que me sentía como una mujer golpeada: “lo sos”. Mis amigas no lo vieron, si lo hicieron, no me dijeron nada.
¿Qué hubiera hecho yo si alguien me lo hubiera dicho?
17/03/82
C. me llamó esta mañana y me preguntó: “En una escala de 1 al 10 ¿cómo estás?”.
Le dije “2”.
X. llama y vuelve a pedir perdón. “Lo siente mucho”. Va a “pedir ayuda”. “Ella” no
quiere que yo la odie. Y después se pone hostil: “Ahora debés estar contenta.
Tenés tu casa y no tenés que soportarme a mí”.
El mínimo tono de voz que me recuerde al domingo pasado me hace castañear los dientes.
C. dijo que tengo el permiso de que todavía me importe X. P. y J. Estuvieron de acuerdo. C. piensa que debo cambiar la cerradura.
22/10/84
Me enferma de veras el releer los diarios donde hablo de X. Tuve que interrumpir, salir de mi cuarto y venirme a la cocina, donde puedo recordarme que ya no estoy metida en esa historia. Es tan repugnante. ¿Cómo pude quedarme con ella? ¿Cómo pude permitirme pasar pos todos esos episodios de maltrato verbal, una y otra vez, y en el ínterin ver sólo mis ilusiones acerca de ella, creer sus disculpas, sus mentiras, etc.? No, te confieso que lo que realmente me asquea es que yo lo vi, lo supe, lo entendí –yo sabía que estaba siendo maltratada, sabía lo rayada que estaba X- y aún así elegí quedarme. Aún así la seguí queriendo. Es repugnante pensar que estuve tan desesperada por mantener esa relación.
Me aterra ver esa desesperación mía. ¿Adónde fue? ¿Sigue estando ahí? ¿Soy diferente? ¿Cambié? ¿Me curé? No me había dado cuenta de lo desagradable que iba a ser escribir esto. Ni siquiera puedo lograr pasar a máquina las partes en las que estaba fascinada con ella, “enamorada” entre un maltrato y otro. Es humillante, vergonzoso. Yo amé a alguien que me dijo que yo era un pedazo de mierda. ¿Quién quiere admitir algo así?
Siento que quiero limpiarme, que me pase un haz de luz por todo el cuerpo, ir a un sauna y transpirar. Sacar todo esto afuera.
18/03/82
Siento que estoy cayéndome a pedazos. Parece que perdí mi furia –o que la puse en el lugar equivocado. Después de haber llorado cuadras y cuadras mientras caminaba, ahora me estoy embotando los sentimientos con vino y comida. M. Me preguntó por qué me lo estoy tragando todo. Por miedo, supongo. Siento que voy a enloquecer de dolor. Hoy quise morirme.
Sigo pidiendo permiso para extrañarla. Decime que no soy masoquista.
29/10/84
No puedo escribir este artículo. No quiero volver ahí, no quiero hacer el viaje hacia ese tiempo, ese dolor, esa fealdad. Cuando leí lo que escribí hace poco en mi diario, me dí cuenta de que no quiero seguir culpándome o rebajándome por haber estado en esa situación. Yo no me permitiría culpa a otra lesbiana que ha sido víctima de maltrato, ¿por qué culparme a mi misma, entonces? Estuve ahí, salí, sobreviví y aquí estoy casi 3 años después, lo suficientemente curada como para poder hablar del tema.O eso creía. Lo que estoy descubriendo a medida que hago esto es que hay un pedacito de piel en carne viva que está dentro mío y cuando más me sumerjo en este pasado, más me acerco a tocar ese pedacito de piel. Está vivo, está en carne viva, me sigue doliendo sólo está oculto debajo de la piel.
Hay una pregunta a la que me sigo acercando, cierto punto al que me arrimo pero cuando llego al borde de tocarlo, me retiro. Es algo así: todos estos años de odiarme a mi misma, de vivir en esta cultura que odia a las mujeres, ¿harán que me resulte imposible dejar de sentir alguna vez que yo me equivoqué en algo y que por eso me pasó lo que me pasó? ¿Alguna vez podré amarme lo suficiente como para saber y creer de verdad que no hice nada para merecer tanto maltrato?
19/03/82
Bronca y dolor. Furia y tristeza. Cómo se atrevió a arruinar mi nueva vida.
“Nunca te voy a engañar, te lo prometo”. Ninguna de sus promesas eran verdad.
Todavía siento y es algo intuitivo, que ella cree que yo me merezco su furia. Voy a encontrar la mía, mi furia y me voy a apartar de ella.

27/11/84
Lo que me impacta de volver a leer mis diarios antiguos, los de los meses siguientes al maltrato físico, es que yo sufría tremendamente pero nunca le atribuí mi depresión al hecho en sí. Ni siquiera hablé de eso. Estaba profundamente deprimida, con el sueño y la alimentación alterados, con fantasías de suicidio, desesperanzada, pero mi única obsesión, página tras página, cuaderno tras cuaderno, era cuánto extrañaba a X. y cómo quería tenerla de nuevo conmigo. Es impresionante. Es como si lo otro nunca hubiera sucedido. Hice el duelo por haberla perdido como si hubiera sido la mujer ideal. Cuando me enojo –y por momentos sucede- es porque ella comenzó a salir con otra, o porque prometió llamarme y no lo hizo, etc. Sorprendente. Y atemorizador. El mismo tipo de negación que me mantuvo en la relación durante todos esos meses siguió operando y me hizo desear la relación aún después de que ella me hubiera maltratado físicamente.
Oh, encontré la respuesta a mi pregunta de qué hubiera hecho yo si una amiga me hubiera abierto los ojos acerca de la verdad de la situación: nada. Está ahí, en los cuadernos. G. me llamó y me hizo todo un discurso acerca de cómo yo me estaba aferrando a una pareja maltratadora. Me dio energía en el momento pero luego volví a obsesionarme. Mi nueva terapeuta intentó sacudirme para que saliera de eso, pero yo me enfurecí con ella cada vez que me recordó que X me había golpeado. ¿Qué significa todo esto? ¿Será necesario pasar por esa etapa de negación, o mejor dicho, es inevitable? ¿O será que es necesario un tipo especial de terapia para abordar ese trauma particular, una terapia que pueda ayudarte a atravesar la negación más rápidamente? Por lo que yo sé, tal vez haya personas que estén haciendo ese trabajo con víctimas de maltrato. Yo hubiera deseado no tener que pasar por tantos meses de dolor mal dirigido. Hubiera deseado hacer el duelo por mí misma.
28/11/84
Acabo de leer mi borrador de este artículo. ¿Qué siento ahora que estoy a punto de escribirlo a máquina y enviarlo al mundo? Muchas cosas. La primera es vergüenza. No puedo superar esa sensación. Me obsesiona decidir si voy a usar mi verdadero nombre o no. ¿Por qué me asusta que la gente sepa esto de mi? Porque hay una parte mía que todavía siente vergüenza de que alguien me haya tratado como basura. Si me hubiera atacado en la calle un desconocido, ¿me sentiría diferente? No sé. Ni siquiera puedo empezar a pensar en la posibilidad de que mi familia vea esto. Todos los años que pasé convenciéndolas/os de que mi estilo de vida era válido y positivo... Bueno, ése es el punto crucial del asunto para la comunidad lesbiana, ¿no es cierto? ¿Quién quiere admitir que puede haber algo malo en las relaciones lésbicas?
También siento que estos fragmentos de mi diario sólo cuentan una parte minúscula de la historia. Con 10 páginas no es suficiente. Tengo miedo de haber dejado afuera algo muy importante que es precisamente lo que alguna mujer necesitaría leer.
Pero luego aparece en mí otra voz que dice: Con contarlo ya es suficiente. Con contar cualquier parte de la historia ya es suficiente. Con haber sobrevivido ya es suficiente. Con haber crecido y haberlo dejado atrás ya es suficiente.
Tengo que seguir recordándome a mí misma que yo he cambiado y mi vida también. Tengo ahora una relación positiva, de cuidado. Me trato con mucho más respeto y más amor del que solía tenerme. Es un proceso continuo. Todavía tengo mucho odio contra mí misma sobre el cual trabajar. Pero he aprendido a amarme lo suficiente como para saber, creer y confiar en que nunca voy a volver a estar en una relación de maltrato.

Este texto pertenece al libro Naming the violence, Speaking Out About Lebian Battering, Kerry Lobel edit., The Seal Press, Seatle WA, EEUU, 1986. Traducción de Alejandra Sardá, agosto de 1995.


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